jueves 2 de julio de 2009

Moscú: 21 - 28 Junio 2009


Decir que entre Rusia y España hay más en común que la a y la s, sería decir demasiado.

El viaje a Rusia ha sido extraño. Los 3500 km de distancia se recorren en un vuelo de 5 horas, pero es imposible calibrar la distancia a la que rusos y españoles nos encontramos en cuanto a formas de ser, de actuar, de comer, de tratar a las personas, de acoger y de querer.

Lo cierto es que el viaje ha sido una odisea desde mucho antes de pisar suelo ruso: visados, vuelos incompatibles, hoteles caros, congreso desorganizado...

Charo vino a Cartagena unos días antes y, después de mucho tiempo, tuve la oportunidad de enseñarle la ciudad.

Juntos, pudimos cargar las pilas en la playa en previsión de lo que se avecinaba que se preveía de antología.

Aunque Moscú suena a frío, nada parecido fue lo que nos encontramos a la llegada. Un Sol de verano nos hizo pensar que la ropa de invierno que llenaba nuestras maletas nos serviría de más bien poco.

A la salida de la terminal, cientos de taxistas desesperados rondaban a los desorientados viajeros en busca de la presa fácil. Nosotros, cómo no, caímos en la trampa: 2800 rublos (unos 70 euros) por el trayecto hacia el hotel -unos 70 km... 1 euro por km...).

A la llegada al hotel presentamos nuestra reserva y la chica nos mandó a una habitación en el piso 19, no sin antes comentarnos que debíamos pedir un papel en noséqué despacho de la planta baja (la Registration), cosa que hicimos al día siguiente.

La habitación del piso 19 estaba bastante bien -claro que también habíamos pagado lo suyo-, pero diez minutos tardó en sonar el teléfono: Problem, problem, problem...reception, reception... Nosotros nos asustamos... ¿ein? ¿problem?... así que bajamos a la recepción y preguntamos lo que había pasado y nos informaron de que teníamos que cambiar de habitación... ¿ein? ¿problem?... no entendimos nada, pero nos tocó subir, recoger todas las cosas que ya habíamos organizado, rehacer las maletas y plantarnos en la habitación 1003, una habitación mucho más modesta en la planta número 10. Qué cabreo...

La habitación olía mal, olía a moqueta vieja, a rancio, a polvo, pero en fin... qué podíamos hacer... cuando uno no habla ruso y los demás no hablan inglés, pocas cosas se pueden hacer. Así que la habitación 1003... qué horror. Y sin persianas, no había persianas para alargar un poco las 4 horas de oscuridad de cada noche, así que Charo abría los ojos bien temprano, por lo visto los párpados se le transparentaban y la luz la despertaba a las 5 de la mañana.

El primer día fuimos a la sede del congreso: la facultad de Petróleo y Gas... suponemos que sería algo así como una facultad de ingeniería. El camino se hizo interminable: bus+metro+bus=45 minutos. Así que una habitación pestilenta a 45 minutos del congreso... íbamos de mal en peor.

Hicimos nuestro registro en el congreso e intentamos solucionar uno de los primeros problemas que se nos habían presentado: nuestra charla la habían cambiado de día y Franco Pellerey, nuestro compañero italiano que iba a darla, no llegaba hasta un día después. Finalmente la charla la colocaron el viernes a última hora...

Allí mismo nos encontramos otra sorpresa, los rusos habían decidido que los idiomas oficiales eran el ruso y el inglés, así que muchas de las charlas no las entendíamos. Yo, por ejemplo, me salí de una charla que empezaron a hablar en ruso y no tengo interés en aprender ese idioma.

Nos quedamos a comer allí: qué horror de comida. No encuentro palabras para describirlo. Las cantinas en las universidades en España no suelen ser muy allá, pero las comparaciones son odiosas, no os podéis imaginar cómo son en Rusia. No comí prácticamente nada, ahí empezó mi dieta semanal.

La plaza Roja es roja sólo por un lado y parte de otro. Es un gran rectángulo que rezuma poderío por los cuatro costados. El Kremlin, el Museo de Historia, los grandes almacenes GUM, el mausoleo de Lenin y la joya de la corona: la catedral de San Basilio coronada por sus nueve cupulillas a modo de golosinas... jummmm...

Es una plaza sobrecogedora que aún transmite ese aire de antigua elegancia y sobriedad. Aunque la catedral de sobrio tiene poco, verla aparecer desde lejos con las cúpulas de sus ocho iglesias reunidas bajo la piña central en la cual reposan los restos de San Basilio es un espectáculo para la vista. Los diferentes colores se "espiralizan" e impregnan el edificio de una fantasía casi infantil.

El Kremlin es un edificio rojo, rojo, más rojo que la plaza Roja, de murallas altas y almenas extrañas y picudas, signo y baluarte del viejo poder ruso. Encierra varias catedrales e iglesias y unos cuantos palacios y museos. Es allí donde vive el presidente de la República y donde se encuentra el Parlamento ruso.

Las calles que rodean el Kremlin y la plaza Roja son asimismo agradables para pasear.

Las rusas usan tacones tacones. Pero no tacones, sino tacones tacones. Es casi un espectáculo callejero comprobar la capacidad circense que tienen para mantenerse erguidas a semejantes altura. Son guapas, eso sí, y tratan de ir siempre muy arregladas. Los chicos, sin embargo, flirtean con la suciedad y los malos olores.

Decir que entre Rusia y España hay más en común que la a y la s, sería decir demasiado. Mientras que en España tenemos la costumbre de tratar bien a los visitantes, en Rusia no tienen ganas de acoger a nadie. Todas las trabas en cuanto al visado antes de llegar allí, se materializan en la forma de ser de la gente. No quieren, no necesitan que nadie venga de fuera a molestarlos. Parecería que los turistas son un incordio. Son maleducados y desagradables. Esto es lo que más me ha molestado del país. Son las personas las que hacemos los destinos y estas personas hacen que el destino Rusia sea un lugar desapacible y desencantado.

Fuimos también a Serguiev Posad, un pueblo a unos cuantos km de Moscú donde se encuentra uno de los lugares santos para los rusos: el monasterio de San Sergio. Allí están sus restos y allí se respira un aire menos condensado que el moscovita rodeado de naturaleza y unos cuantos turistas que deambulamos por allí a la caza y captura de algún sentimiento acogedor. Es bonito, sí. Pero si alguna vez vais, recordad que debéis coger un autobús, el autobús número 388. Coger el tren es una experiencia incómoda. Numerosos vendedores (pañuelos, cuchillos, bolsos...) van vagón tras vagón publicitando sus productos ante la atenta mirada de los viajeros. Os aseguro que no es agradable ver cómo el vendedor de cuchillos comprueba, con el chacachá del tren, lo afilados que están cortando una hoja de papel.

El viaje a Rusia ha sido definitivamente extraño. Hemos gastado mucho dinero, hemos hecho un esfuerzo para organizarlo lo mejor posible, hemos presentado un buen trabajo en el congreso, pero no nos lo pusieron fácil. Me llevo de allí una sensación desagradable, nada salió como me hubiera gustado. Nada excepto la compañía, he vuelto a ver a personas que aprecio, e incluso quiero mucho, como Charo o Franco, he compartido un viaje con Félix y Carolina y he recogido algunos pedazos complicados que tenía sueltos por aquellos lugares fríos y lejanos.

Decir que entre Rusia y España hay más en común que la a y la s, sería decir demasiado, pero lo digo con todas las consecuencias y con la quasi-certeza de que la próxima vez -si es que la hay- sólo puede ser mejor.

jueves 28 de mayo de 2009

Si se muere el poeta


Si se muere el poeta antes que yo,
Si se acaba el ritmo de las palabras,
Si se apagan los versos en la mesilla,

Recordadme cómo se llamaba,
dónde vivió,
dónde lloró aquellas noches en vela,
dónde dio sus últimos pasos.

Si se muere el poeta antes que yo,
Si se pierde en las acometidas,
Si se ciega de realidades que no,

Recordadme quién fue,
qué fue lo que sintió,
qué hizo con las comas y los puntos,
qué dijo cuando hablaba de amor.

Si se muere el poeta antes que yo,
Recordadme
O dejadme morir al menos.

miércoles 6 de mayo de 2009

La búsqueda

¡Vótame, please! Directamente aquí:

Cerré el libro y di por finalizada la búsqueda:
en esta novela absurda tampoco estás tú.


Gracias

martes 5 de mayo de 2009

Tánger: 1-3 Mayo 2009.


Cada viaje es diferente. Los hay de todos los colores y sabores. Hay viajes llenos de Piedras y llenos de Asfalto, pero todos están llenos de Historias.
Esta vez no seré yo el que deje constancia de esta parada en la Hoja de Ruta porque los viajes se enriquecen sobre todo con los compañeros que se encuentran en el camino.
El viaje ha comenzado se enriquece hoy con un nuevo polizón: Iván Rodríguez. Bienvenido y muchas gracias.


Buenos días, Julio aquí estoy como te prometí, con más sueño que ganas de pasar el día, pero bueno creo que la odisea vivida será recordada por los restos.

“El viaje ha terminado”, por suerte para algunos y no tanta para otros. Bueno lo que me gustaría comentar con estas líneas son las vivencias y sensaciones tan extrañas vividas estos días.

Todo comenzó hace mas o menos un mes cuando decidí hacer un viaje…mi primera opción era el mediterráneo…Grecia, Italia…pero la falta de tiempo, los malos tiempos que vivimos y yo creo que las ganas de descubrir una cultura desconocida, fueron los motivos por los que me decidí.

Son muchos los españoles que nos gusta sentirnos más ricos, poderosos y superiores entre tanta pobreza y marginalidad y creo que cuando se viaja a un lugar tan pintoresco como este, los complejos se quedan en tierra.

El primer día llegamos temprano al puerto, y aunque estábamos todavía en la península, ya podíamos sentir el ambiente que en breve viviríamos y percibir ese olor tan diferente y característico.

Después de un rato, varios controles y nuestro primer contacto, cogimos el barco rumbo al continente. El viaje no estuvo mal, algo pesado para mi parecer, pero en a penas 1 hora y poco mas, ya estábamos en Tánger.

Nos bajamos del barco y después de mas controles, por fin llegamos…tengo que decir que me sorprendió un poco… todo era tan extraño… tanta gente diferente a mi alrededor… pero bueno no me disgusto.

Llegamos al hotel, un hotel de la zona muy al estilo marroquí, el cual me gusto su ubicación, decoración y entorno, algo alejado del centro pero bueno solo nos separaban algunos “jairos” jeje….

Dejamos las cosas en el hotel y decidimos ir a comer algo…ante tanta rareza, decidimos comer en un sitio propio del lugar…un Mc donald… llegábamos 3 horas fuera de España y ya la echábamos de menos… no pintaba muy bien la verdad.

Esa misma tarde hicimos una excursión por los sitios mas importantes de la ciudad, y resulta que destaca alguna mezquita que otra, pero sobre todo Las majestuosas y lujosas casas de esos jeques sin conciencia ni escrúpulos… aunque para un país que tiene a penas cincuenta años de independencia no lo puedes pedir mas…

Mas tarde nos llevaron a la verdadera esencia de la ciudad… su mercado, y allí pudimos comprender el significado de la ciudad… al principio fue un poco estresante, agobiante y frustrante, ya que habían muchos coches y la gente al ver que éramos del otro lado del charco nos atoxicaban bastante, pero bueno a los que nos gustan las compras, a mi particularmente si, nos gustaba. Después de algunas compras y bastante cansados ya por el paseo, fuimos al hotel y cenamos… había sido un largo día y decidimos recargar energía para el día siguiente.

Al día siguiente nos levantamos temprano, desayunamos y nos dirigimos un pueblecito cercano. Llegamos en apenas una hora y tengo que decir que me encanto, un sitio autóctono para perderse donde su gente, sus blancas casitas y su ubicación en plena costa… hacen de el un sitio especial.

Nada mas llegar nos recibió un guía que parecía el jeque de todo aquello, buena gente aunque algo sospechoso…pero lo que mas me encanto fueron los pueblerinos, gente simpática, agradable y sus bailes y vestimentas, propios de una película de Wollywood.

Allí comimos en un restaurante famoso de la zona, comida buenísima y después de pasear un rato por el pueblo volvimos al zoco donde de nuevo vivimos una nueva aventura, y cuando me refiero a aventura quiero decir que en aquellas calles llenas de alegría y a la vez de tristeza puede pasar cualquier cosa.

Después de tomar algo y cenar volvimos al hotel obligados por un aire espantoso…y decidimos a pasar nuestra última noche entre aquellas frias paredes sin pensar en los que se nos avecinaba.

Nuestro último día en tierras africanas comenzó bien, aunque si soy sincero cuando vi a Julio entrar algo me dijo que no sería un buen día.

Después de desayunar y pasear por el zoco buscando alguna oferta de ultima hora, comimos y fuimos al puerto, después de que se retrasara nuestro barco llegamos y nos quedamos asombrados de la gente que había esperando… y presagiábamos lo peor…allí fue donde personalmente note la diferencia de un país con otro, la organización era pésima y la falta de información era inexistente, cada vez mas la impotencia se apoderaba de nosotros pero después de tres largas y desesperadas horas y de un trato no tan correcto del que se esperaba embarcamos por fin en el buque de los sueños, sueños para los que volvían a casa después de un largo día, sueños para los que venían en busca de oportunidad…

Bueno nada más que decir por mi parte, sólo que cada persona somos un mundo diferente y que para lo que alguien estos días han supuesto un esfuerzo, para mí han significado una expansión, tanto cultural como personal y aunque suene a tópico, darme cuenta de que somos los reyes del mundo y de que no valoramos todo lo que tenemos, sin nada más que decir me despido diciendo que sin duda volvería.

Iván Rodríguez.

lunes 27 de abril de 2009

Lo que queda de aquel amor



De aquel amor quedan las palabras escritas
y los pañuelos mojados en la mesilla de noche.

Quedan también los sueños a pedazos -rotos- en cada esquina
de este lugar extraño en que se ha convertido mi cuerpo
y las madrugadas intermitentes alarmado por tu ausencia.

De aquel amor queda, oxidado, tu nombre en el portal,
y muchas cartas tuyas que nunca tuvieron respuesta
porque llegaron tarde a su cita contigo.

Quedan el olor a incienso en la habitación de los enredos
y tus cremas y tus potingues en el cuarto de baño
donde pasábamos horas y horas mojando nuestro amor en la bañera.

Me queda la tozudez de tu nombre en mi cabeza
y tus huellas dactilares en la luna de aquel coche -ayuda, gritabas.

Maldita sea.

Queda tu imagen tendida rondándome la cabeza mañana y noche
y tu mirada última y febril, como cuando estábamos enfermos de amor,
locos de amor, borrachos de amor, y nada ni nadie podía destruirnos.

De aquel amor quedo solamente yo y, a veces, ni siquiera queda eso.

Pensamiento 27 del 4

Es inevitable:

Uno se postula en cada decisión que toma en la vida.

Cada mínimo gesto no significa sólo eso, sino también, de forma implícita, significa el no de todos los demás. Es decir, en un momento de tiempo t, nos postulamos en cada escaparate que nos paramos a ver o en cada música que escuchamos o en cada beso que damos, pero el hecho de pararnos en un escaparate implica que no nos paramos en muchos otros; el hecho de escuchar una música, implica que no escuchamos muchas otras; el hecho de dar un beso, significa que no damos muchos otros.

Por eso muchas veces se dice que más vale uno por lo que calla o por lo que no hace, que por lo que dice o por lo que hace.

Lo cierto es que vivimos momentos discretos –entiéndase discreto como momentos puntuales, separados- y nos definimos, claro está, en esas decisiones. Desde mi punto de vista, son casi más importantes las decisiones que dejamos de tomar que aquellas que tomamos.

Así, vamos definiendo un espacio donde se nos puede encontrar, nuestro espacio particular que mostramos a la gente que queremos o que queremos querer.

martes 21 de abril de 2009

Compañía



A lo mejor le gustaría que le hiciera compañía...